La mejor profesora del mundo, aconseja

Nancie Atwell, con 42 años de carrera y un legado diferente en el mundo docente es premiada como el “Mejor Profesor del Mundo”.mejor profesora

Este premio otorgado por la Varkley Foundation, del magnate Sunny Varkley, se basó en un millón de dolares que reconociera su trayectoria y como forma de agradecimiento por haber fundado el CTL (Center for Teaching and Learning) en Maine, una escuela destinada a la investigación y difusión de nuevos métodos educativos que ha conseguido convertirse en una referencia en Estados Unidos.

Este interesante personaje, en una entrevista ofrecida a Edutopia, otorga sus mejores datos en cuanto a métodos de educación que a su juicio funcionan mejor que muchos otros y son los que pone en practica en su centro.

No hay que conformarse con un alumno dócil

“A menudo, en educación, nos contentamos con la simple docilidad del estudiante”, recuerda. “La gente comete el error de pensar que los niños o se resisten o son obedientes”.

Es una dicotomía peligrosa en cuanto que produce alumnos fracasados y alumnos sumisos. En realidad, el objetivo debe ser otro: el compromiso del estudiante que, en caso del CTL, se traduce en una gran libertad a la hora de elegir sus actividades y lecturas.

El problema surge cuando se considera que el profesor no es capaz de dirigir a los alumnos en la dirección correcta.

Que la lectura se haga su mejor amigo

Cuando se habla del CTL es habitual encontrar referencias a la voracidad lectora de sus estudiantes, que leen de media unos 40 libros al año, de todos los géneros. La diferencia frente a otros programas de lecturas es que ellos “pueden elegir” entre uno y otro. “Sus esfuerzos están alimentados por su interés”.

Dentro de sus recuerdos de la infancia asegura no haber sido una gran lectora, puesto que sus padres (una camarera y un cartero) apenas tenían libros en su hogar. No fue hasta que tuvo que quedarse en cama durante meses por una fiebre, que leyó el libro que cambiaría su vida, El jardín secreto de Frances Hodgson Burnett, y que leyó seis veces.

Como ocurre con sus alumnos, “probablemente no leí ninguno de los libros que me mandaron durante el instituto, pero siempre leí. Tenía un currículo underground”.

Lazos de confianza entre profesores y alumnos

En el escenario educativo los protagonistas son los docentes y los alumnos, sin embargo no son ellos quienes designas las reglas del juego, sino otras personas que ni siquiera pisan los salones de clase.

En ese senido Atwell afirma que, una de las dificultades más vistas es ver la falta de confianza entre unos y otros. “El problema surge en no confiar en las buenas decisiones de los chicos, el verdadero problema es que los profesores dispongan de los recursos suficientes para llevar a los alumnos en la dirección correcta”.

Hay que divertirse

Para muchos padres, directores e incluso profesores, la diversión en el aula es sospechosa. Frente a ello, cada vez más docentes recuerdan que es un prejuicio del que hay que librarse. “Los americanos parecen pensar que si los chicos disfrutan, es que algo va mal”, explica Atwell, cuyo centro suele utilizar la palabra “divertido” con frecuencia.

Pero la diversión debe venir de dentro

Atwell explica cómo algunos centros parecen perseguirla de la manera equivocada, “regalando bicicletas a los chicos que leen más libros” o “haciendo que el director se tiña el pelo de verde si todo el mundo lee 10 biografías”.

La motivación debe ser intrínseca, no extrínseca, y por ello, los estudiantes deben amar los libros que leen, los temas que investigan y los ensayos que se ven obligados a escribir.

La clave no se encuentra en disfrazar lo aburrido de divertido, sino de conseguir que los estudiantes sean lo suficientemente inquietos como para no considerar nada aburrido.

Los profesores se limitan a abrir la caja y leer el guión, que les han dado, pero la buena enseñanza no tiene nada que ver con eso.

Profesores sin límites

En la misma línea del punto anterior, Atwell cree que las nuevas leyes instauradas en Estados Unidos han convertido al profesor en un mero eslabón entre los contenidos que las instancias superiores consideran que el alumno debe conocer y este.

Sin embargo, el futuro de la educación se encuentra en una mayor libertad del docente, como explicó en The Huffington Post: “el nuevo currículo y los tests que los acompañan están tratando a los profesores como técnicos. Se limitan a abrir la caja y leer el guion, y la buena enseñanza no tiene nada que ver con eso. Es una empresa intelectual que ha sido reducida al máximo”.

No a los test

Atwell rechaza los tests, tan de moda en lugares como la Comunidad de Madrid donde monitorean el proceso de los alumnos.

No se trata más que de una serie de “ejercicios amañados, ni siquiera rigurosos y un poco ridículos que no tiene nada que ver con el disfrute de las historias y el ejercicio de la auto-expresión”. Tan sólo dan a lugar a un clima cargado de papeleo en el que los tests y la rendición de cuentas determinan todas las decisiones del docente.

“Necesitamos mirar los logros de los niños de forma individual en cada disciplina, de forma auténtica y personal”. En el CTL cada estudiante debe explicar su proceso educativo, en lugar de plegarse a evaluaciones estándar externas.