POR UNA EDUCACIÓN PARA EL PUEBLO  

Compañera(o): Sus experiencias en nuestras acciones, sus acnecdotas queremos rescatarlas, asi que Escrìbanos

 

NUESTRA LUCHA

 

SINDICALIZACION DEL MAGISTERIO
Introducción


Ni en los trabajos monográficos dedicados a reseñar el desarrollo de las organizaciones populares y menos aún en las historias generales de la República, se encuentra una sola línea que se refiera a las entidades gremiales que los escritores, los pintores y los artistas, en general, así como los maestros, conformaron en diversas ciudades del país, durante la década de los treinta. Este hecho extraña singularmente cuando más que la mayoría de los historiadores no deja, en cambio, de precisar la importancia que tuvo – en la confrontación ideológica y política que se dio en aquella época entre las fuerzas tradicionalistas, que defendían un desarrollo afincado en formas oligárquicas y dependientes del gran capital, y las fuerzas sociales emergentes constituidas preponderantemente por intelectuales – la penetración cada vez más profunda de las ideas marxistas que se habían difundido por el mundo, a raíz de la revolución bolchevique de 1917.

Los trabajos de los estudiosos del tema, Jaime Durán Barba y Agustín Cueva, confirman lo anterior. Tanto el primero de ellos en el artículo “Orígenes del Movimiento Obrero Artesanal”, aparecido en la Nueva Historia del Ecuador, como el segundo en su libro “La teoría Marxista”, destacan la enorme influencia que el marxismo comenzó a tener en las organizaciones de trabajadores y en el movimiento intelectual desde los años veintes.

Durán Barba dice: “La década de 1920 tuvo una importancia fundamental para el desarrollo de las organizaciones populares y sindicales ecuatorianas; el marxismo tomó carta de naturalización en el país a influir poderosamente en ellas”.

Por su parte, Agustín Cueva generaliza el enfoque “Es justamente a partir de los años 30, cuando cobra cuerpo un movimiento intelectual inspirado en el marxismo, y de tanto vigor y envergadura que bien podría considerárselo como el fundamento de toda la cultura moderna en América Latina”Luego de ofrecer los ejemplos de Neruda, Vallejo, Guillen, Jorge Amado, Carlos Luis Fallas, los muralistas mexicanos y el brasileño Niemeyer, señala los casos de autores no marxistas pero cuya obra está “impregnada de una visión materialista del mundo”. Nombra a Jorge Icaza, Ciro alegría y Miguel Angel Asturias, para ilustrar esta última afirmación. “ El marxismo se funde indisoluble con lo nacional y popular”, asevera.

Sin embargo, dado que el trabajo de Durán Barba se circunscribe al ámbito de los organismos obreros artesanales, y el de Agustín Cueva es de carácter general y teórico, ninguno de los dos se refiere a las otras organizaciones que nacieron bajo el influjo dela corriente marxista. Es Alexandra Kennedy Troya, en su artículo “Notas sobre la crisis de la pintura “pasadista” y propuestas para un arte nacional en los años 30”, aparecido en la revista IDIS, No.-23, Cuenca 1989, quien precisa: “Frente a la necesidad de dar fuerzas y coherencia a los postulados de la misión social del arte, en 1936 (sic) se conformó el Sindicato de Escritores y Artistas, y más tarde en Guayaquil, el sindicato de Artistas Independientes, seguramente vinculados indirectamente con los postulados del Sindicato de Artistas Revolucionarios formado en México en 1922”. De todos modos, solo hace referencia a la esfera de los artistas, mas no de los maestros.

Un hecho trascendental en la vida política y cultural de nuestro país, constituyó la fundación, en 1926, del Partido Socialista Ecuatoriano, adherido en 1928 a la III Internacional Comunista (1). En 1931, cambió su denominación por la de Partido Comunista, evidenciando la intensa lucha interna que se dio entre grupos de intelectuales pequeño burgueses, por una parte, y por otra, elementos más radicales y comprometidos con sectores campesinos e indígenas. En 1933, se reconstituyó el Partido Socialista Ecuatoriano, y desde esa fecha subsistieron los dos partidos, como brazos políticos de amplios conglomerados humanos deseosos de terminar con la opresión de grupos étnicos menospreciados y explotados, y de abrir la posibilidades reales de la creación de una cultura nacional afianzada en las tradiciones más positivas y creativas de nuestro pueblo, así como de propiciar el desarrollo del país gracias a la defensa de sus recursos naturales expoliados por las compañías extranjeras protegidas por la burguesía nacional , a su servicio.

Precisamente, los militantes socialistas y comunistas, pasando de la teoría a la practica, al definir a los artistas e intelectuales como trabajadores del arte y de la cultura y a los maestros, como trabajadores de la enseñanza, dieron el paso para la conformación de los Sindicatos respectivos.

El Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza Primaria del Azuay

En el magisterio, el Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza Primaria del Azuay, parece que fue la primera organización de este tipo, en el Ecuador (2). En el mes de septiembre de 1932, en los días 22, 23, 24, una Asamblea de Profesores reunida en la Escuela Superior “Luis Cordero” discutió y aprobó el Estatuto del Sindicato y designó los miembros del Secretariado General y los vocales del Comité Ejecutivo (3).

Las principales tareas cumplidas por este organismo pionero del sindicalismo magisterial, fueron las gestiones a favor de las maestras que habían sido separadas de sus cargos y la defensa de aquellos que habían sido amenazados de serlo por el Concejo de Cuenca ; trabajó también por la estabilidad de los profesores de las escuelas anexas al colegio “Beningo Malo”, así como por el escalafón del magisterio, para lo cual envió sugerencias a la Dirección de Educación. Reclamó y protestó por el atraso en los pagos de los sueldos, y actuó asimismo en el campo de la solidaridad y auxilio a los sindicalizados.

En la revista SURCOS, órgano del Sindicato azuayo, se afirma que las sindicalizaciones son “la fuerza que conducirá a la afirmación de las estructuraciones (sic) económicas y sociales”. Se dice: “Es la única forma en que la clase (del magisterio) podía erguirse en organismo que adentrándose en el complejo social, adquiera, en relieves definidos, la posición que siempre ha reclamado, a base de su labor y sacrificio por el mejoramiento de la comunidad”.

En la misma revista, Rubén Sylva, conocido educador, joven aún, en el artículo PALABRAS INICIALES, se dirige a los maestros, así: “El porvenir es nuestro”.

Las reivindicaciones sociales se avecinan y nosotros tenemos la obligación de apresurarlas”. En otro párrafo, sostiene: “Es imposible que nosotros sigamos constituyendo el rezago social: racionaríamos despiadadamente los dictados de nuestra personalidad profesional”. Y continúa: “Nuestro sindicalismo debe ser efectivo en todos sus aspectos , para que tenga entronques de leal comprensión, y lleguen a resolverse en forma fácil y definitiva, nuestros principales problemas”.

Estas palabras, cuya ingenuidad no puede menos que hacernos sonreír, como el mismo el mismo autor lo reconoce “son la ciega creencia en que el poderío de la educación primará en el ambiente futuro, como una sola esperanza, y como una sola realidad de reivindicaciones humanas”.

Hemos trascrito partes de esta invocación a los maestros, así como del editorial de la revista SURCOS, para revelar cuáles eran las expectativas que tenían los educadores en su temprana sindicalización.

El Sindicato Nacional de Educadores

Antecedentes.- Durante 1933, se constituyeron algunos sindicatos provinciales de trabajadores de a enseñanza primaria. Así, en Pichincha, funcionó un núcleo inicial que se reunía periódicamente en la Casa del Obrero, y que a partir de octubre de ese año, a raíz de que en Congreso Nacional destituyera al presidente Martínez Mera, hizo presencia al solicitar al Encargado del Poder Abelardo Montalvo, que considerara los nombres Carlos Zambrano Orejuela, Rigoberto Ortiz, Rafael Espinosa y Francisco Artizaga Luque, para la Cartera de Educación . Igualmente, fue interés de los maestros formular una lista de candidatos para intervenir en las elecciones de Consejeros Municipales, que debían realizarse en ese año.

El Manifiesto de 1933

En diciembre de 1933, a propósito de la interpretación que los senadores funcionales por la educación Emilio Uzcátegui y Manuel Utreras, hicieran en el Congreso al Ministro del ramo. Luis F. Villamar, una Asamblea General de Profesores emitió un manifiesto que con el título de CRISIS DE LA EDUCACIÓN NACIONAL, apareció en el diario EL DIA de Quito. En ese documento, los maestros denunciaban los escasos estímulos y la resistencia e incomprensión de parte de las autoridades educativas, para los esfuerzos desplegados por ellos en el establecimiento de escuelas nocturnas para obreros, colonias escolares, escuelas prediales, bibliotecas ambulantes, desayuno escolar y otras tareas. También señalaban los maestros la realidad incontrastable de que Los Ministros de Educación has estado “completamente desvinculados de la clase educacional y has carecido de los conocimientos de la experiencia y de la técnica que en cualquier país bien organizado se exige de quienes van a dirigir la educación nacional”. Según sus propios términos. Precisan en el manifiesto que únicamente se han atendido a los intereses políticos o particulares para llenar la cartera de Educación. Luego frontalmente indican que la designación del señor Luis F. Villamar como Ministro de Educación” no satisfizo a los elementos nuevos de la enseñanza”. El manifiesto lleva la firma de más de 200 maestros, entre ellos, María angélica Hidrovo. Leopoldo N. Chaves, Carlos Romo Dávila (quien presidirá la Asamblea), José Enrique Guerrero, César Mora y otros igualmente destacados.

Este Manifiesto recibió múltiples adhesiones de los sindicatos de otras provincias. Así, el sindicato de Trabajadores de la Enseñanza de Chimborazo, se adhirió” e todas sus partes al Manifiesto”. Mediante un acuerdo firmado por los profesores L. Humberto Sancho R., Secretario General y Celso E. López Secretario del interior. Por su parte, el sindicato de Trabajadores de Educación de Tungurahua, acordó “aplaudir la actitud asumida por los compañeros de Pichincha” (Firman el acuerdo el Secretario General, G. Grijalva C., y el Secretario de Actas, Carlos T. Ulloa ) . El sindicato de Profesores de Carchi, cuyo Secretario General era Rubén Sylva, también comunicó su adhesión al Manifiesto. De igual manera lo hizo el Sindicato de Manabí, que además resolvió trabajar por la candidatura a la presidencia de la República del señor Carlos Zambrano Orejuela, y designar al Dr. Reinaldo Espinoza y a Fernando Chávez como delegado ante el “Comité pro-Sindicato Nacional”.

En efecto, se había ya comenzado a trabajar por la formación de un Sindicato Nacional e Educadores. En enero de 1934, sesionó el Comité Central que lo conformaban el Dr. Reinaldo Espinoza, como Director, los profesores César Mora y Julio Almeida, como secretarios, y, el profesor Juan B. Haro, como tesorero. Este último; los profesores Anibal López y Héctor Lara, integraban una comisión económica y para el envío de circulares a provincias, fueron designados Elisa Ortiz de Aulestía y Aquiles Pérez.

Posteriormente, el 28 de febrero, sesionó el Sindicato Nacional de Profesores con los siguientes delegados: Reinaldo Espinoza, Coello Peñaherrera, Emilio Uzcátegui, Aquiles Pérez, Manuel Utreras, Héctor Lara, Carlos Romo Dávila, Luis Larco, José R. Morillo, Lucila Salvador, José Estuardo Orbe, César Sylva y Rafael Alvarado.

En Guayaquil, funcionó también una organización clasista, llamada “ Centro Unionista de Profesores Primarios”, Fueron sus integrantes más notables, los profesores Enoé Ildaura de Arias, Félix Sarmiento, Manuel Alberto Álvarez, Carlos Ayala Cabanilla, Evangelina García y María Esther Mora.

Es entonces, en 1934, que establece el Sindicato Nacional de Educadores, que constituyó el esfuerzo más importante de cuantos se habían hecho hasta ese momento, para organizar a los maestros del país y otorgarles la fuerza política necesaria que les posibilite alcanzar sus principales aspiraciones. Los normalistas ya habían demostrado su adhesión a la tesis más progresistas que circulaban por el mundo El profesor Sergio Núñez, en su novela “Un pedagogo terrible o el vientre de una revolución” destacada el papel que los normalistas de Guayaquil tuvieron en la preparación intelectual de la revolución de 9 de julio de 1925(6). Otros educadores, entre los que decolló Fernando Cháves, años más tarde Ministro de Educación, publicaron novelas, ensayos y artículos en los que pusieron de relieve el compromiso político que debían asumir los educadores como orientadores del pensamiento no solo de los jóvenes sino del entorno social que lideran. En especial, otorgaron al problema indígena una atención preferente, por lo lacerante, que constituía la trágica situación en que se encontraba ese sector de la población, condenado a las más tristes circunstancias sociales y económicas.

Los normalistas que formaron el Sindicato Nacional de Educadores tenían una clara vocación marxista. Muchos de ellos habían suscrito el Manifiesto de constitución del Partido Socialista Ecuatoriano y militaban activamente en este nuevo partido político o en el Partido Comunista que se formó casi simultáneamente (7). “ El socialismo, fuerza nueva, partido de acción, surge ante la inercia y el platonismo de las orientaciones burguesas, aún de avanzada y restituye un valor positivo a los lirismos de las declaraciones oratorias, a las nubes de incienso que se esfuman en torno a la educación..... El socialismo resolverá el problema educacional cantándole odas y endechas. Procederá con resolución y energía y su labor tendrá la magnitud de la obra de un Vasconcelos en el México de las conquistas proletarias y de un Lunatcharaky en la Rusia soviética de nuestra era “Así se expresaba un maestro en 1927 (8).

La influencia de las revoluciones rusa y mexicana, así como los hechos dramáticos del 15 de noviembre de 1922, en Guayaquil, aceleraron la radicalización ideológica de las capas medias de la sociedad ecuatoriana. Aún en el seno del partido liberal se presentaron posiciones de avanzada, y en 1923, un congreso de ese partido, aprobó un programa político que contenía tesis progresista en el campo social. De todos modos, la extracción popular de los maestros, conducía a que estos sigan integrándose a las filas socialistas. Emilia Uzcátegui sostenía que de las clases altas no iban a emerger maestros, ya que no contarían con la abnegación no con el amor a la humanidad que caracterizan al educadores primario. A propósito de esto, recuerda la mísera remuneración que recibe un maestro” que no compite siquiera con la delos porteros de los ministerios”. (9).

La formación de un Sindicato de Educadores nunca fue bien vista por los gobiernos liberales ni por la prensa de la burguesía. La connotación política que se daba a la palabra, “sindicato” constituía la razón primordial de la campaña antisindicalista, aunque en el fondo lo que escamaba a esos sectores era la afiliación progresista de sus miembros. El profesor Eliécer Irigoyen , primer Secretario General del sindicato, una vez que éste cobró existencial legal, dice en su primer Informe de labores: “ La sindicalización nace como una medida defensiva del sin número de ataques a incomprensiones de que siempre fue victima el maestro”. Luego señala que lis Directores de Estudios y aún los visitadores escolares “en vez de orientadores en la labor docente” se convirtieron en verdaderos enemigos en la labor cuotidiana de los profesores. De “tránsfugas de la enseñanza que se colocaron en los altos cargos educacionales para cumplir intereses personales”, los califica. Irigoyen denuncia que en la Asamblea Nacional de 1938, hubo un sector de asambleístas que quiso ver en los Sindicatos “focos de revolución y anarquía!, y que elementos liberales calificaron de “masas arrebañadas” a los sindicalizados. Pero advierte que, otros diputados se hallaban convencidos que los sindicatos serían “centros de vitalidad y progreso” (10)

Los integrantes de Cuadernos Pedagógicos saludaron la formación del Sindicato. Luego de precisar que la sindicalización “es una de las formas contemporáneas de agrupamiento humano para defender los derechos de una clase social”, pasan a augurar los beneficios que la sindicalización traerá para el desarrollo de las instituciones. “Si los maestros san a las juventudes su orientación cívica, es justo y lógico que el Estado les estimula a vivir sus libertades y derechos.. Maestros sin emoción cívica, sin alto contenido democrático, alejan, cada día, la posibilidad de que nuestro país, sea, en el amplio sentido de la palabra, un estado republicano”. Después de recordar las condiciones sociales de la época, en la que las oligarquías sucedieron a las castas de la colonia, y que la gran masa de indios y labriegos, “no han jugado otro papel que al de los animales de carga o de simple energía-sangre en las fabricas y latifundios”, exhortan a los maestros para que se cumplan “una de las más nobles tareas del magisterio sindicalizado: “ayudar, con verdadero fervor, a todas las fuerzas cultas del país que pugnan por incorporar al indio, al negro y al maestro a la vida social, económica y política de nuestra nacionalidad” .

Con criterios tan disímiles, la lucha era frontal, Por un lado, los maestros llenos d afán de dar pasos firmes en la consecución de sus conquistas , buscando el beneficio de la niñez y de la cultura, en identidad de propósitos con el pueblo , y por otro, los grupos de poder preocupados de ahogar cualquier intento de organización popular que ponga en riego su hegemonía y privilegios. El profesor Hugo L. Albornoz Cabezas, miembro del Comité Cantonal de Quito del Sindicato de Educadores , precisa éstos conceptos en el artículo “el sindicato Nacional de Educadores” publicado en el boletín No. 1 del Comité ejecutivo Nacional, en enero de 1939, cuando afirma que para que la labor del sindicato sea eficiente, debe preocuparse de tres aspectos el económico, el religioso y el político.

“Pueblo culto es aquel cuyo presupuesto de un lugar proferente a la Educación Pública, asignándole una cifra superior a la de los otros ramos de la Administración”, dice en lo referente al primer aspecto Textualmente, en lo que toca a la religión. albornoz se expresa así : “en cuanto al aspecto religioso, tenemos que convenir, si no somos ciegos ni perversos, en que el peor enemigo que ha soportado la cultura ha sido la religión. ella, con su carga de prejuicios e incomprensiones absurdas, se alía al Capital , y portando su estandarte oscurantista embrutece a las masas y las tiene perpetuamente esclavizadas y explotadas”. En lo que concierne al aspecto político, Albornoz sostiene: “ el maestro político es el llamado a orientar la vida de los sindicatos obreros. La liberación del indio y su incorporación al medio ciudadano, es cosa que no podemos mirar indiferente. Hay tragedia política, en os pueblos en los que falta a los individuos preparación política; por lo mismo, le debemos crear entre nuestros hombres desde la escuela”. Concluye con estas frases “ Por todo lo expuesto, se deduce el carácter del Sindicato; es una institución de lucha y definitivamente, de izquierda; es el asociarse de explotados para eliminar al explotado”.

Esta era la postura ideológica de una de los sindicatos y aunque interpretaba adecuadamente el pensamiento de una amplio sector de los maestros no lo hacia necesariamente el de todos. Luis H. Jarrin, otro miembro del CEN, decía en el mismo boletín arriba señalado: “el Magisterio sindicalizado no es una gleba anónima, sino una poderosa asociación, en la cual todos sus miembros, no solo tienen conciencia de sus derechos, sino también de sus deberes. Si el profesorado llega a afianzar la conciencia de clase, ya podrá intervenir con merecido prestigio en el planteamiento y solución de los grandes problemas nacionales y continentales, ya podrá también mantener incólume el respeto a sus derechos”.

Ante la preocupación de las autoridades ministeriales de que el Sindicato se convirtiera en una arma que los maestros utilizarían para golpearlas tanto Jarrin como Segundo Miguel Salazar, Secretario de Actas y Comunicaciones del CEN, la desvirtúan. El primero dice: “El sindicato no es una institución que defiende ciegamente a sus miembros, porque considera que quien delinque contra la majestad de la escuela y de los derechos del niño, ha perdido buena parte de sus derechos sindicales, corriendo el peligro de sufrir las sanciones estatutarias”. Salazar, por su parte sostiene: “el sindicato no se ha organizado con el objeto de producir un cisma entre maestros y autoridades escolares. Está llamado a intervenir, por el órgano regular, en defensa de los derechos de maestros cuando éstos fueran conculcados, como también a sentar bases de verdadera disciplina entre sus miembros.

Las siguientes palabras de Eliécer Irigoyen, pronunciadas en una alocución radial en agosto de 1938 resumen admirablemente los propósitos de la nueva organización del Magisterio. “ Para hacer noble su misión, para hacer que su función sea más elevada, para que los niños en fin, se les eduque en forma más cabal, se requiere primero reconocerle al maestro con toda la solvencia de que su misión es capaz; pero como a este fin no se llegaría prontamente si su propia gestión no se multiplicara y como, además, todo plazo se cumpla el Magisterio de 1938, todo lleno de inquietudes, todo plazo se cumple, al Magisterio de 1938, todo lleno de inquietudes, todo ávido de afanes declara terminantemente, a fin de que se recoja en todos los ámbitos de la República que organizado como está, principia a una nueva vida, remozado con todos los anhelos, inyectado con todos los fervores. Esta nueva vida, como es lógico suponer significará para la cultura, un paso firme adelante, pues un Magisterio en marcha hacia la consecución de sus fines, totalizará su valor en beneficio exclusivo de la niñez y de su educación integral. Como clase organizada se identificará con el pueblo, al cual se pertenece, para en su duro bregar por la solución de sus problemas vitales, acompañarle en hechos y no solamente en pose declamatoria para garantizar aplausos”.

La sindicalización obligatoria

En 1938, el gobierno militar de Alberto Enríquez Gallo, “recogimiento el fervor” clasista de la mayor parte de los educadores”. Como afirma Gualberto Arcos, en su libro años de Opropio, estableció la sindicalización obligatoria del profesorado oficial. El Magisterio Nacional Primario y Normal, reunido en Quito, en septiembre de 1935, y los profesores de Pichincha, el 14 de noviembre de 1937, habían ya solicitado esa medida. Luego, una Conferencia de Directores Provinciales de Educación Primaria y Representaciones de las Escuelas Normales de la República, el 15 de marzo de 1938, a petición de un gran número de profesores de distintos sectores del país, elaboró, entre otros proyectos de Decreto, el de la sindicalización Obligatoria de Maestros.
Mediante Decreto Supremo, el 4 de mayo de ese año, dispuso quiénes debían ser considerados miembros del Sindicato Nacional de Educadores; la organización que éste debía tener (Comités Cantonales, provinciales y un ejecutivo Nacional ), así como que el porcentaje del sueldo mensual que debía aportar el maestro sería fijado por el Comité ejecutivo Nacional (se estableció el 1%). El decreto fue firmado en Ambato, el 13 de abril de 1938, en homenaje al Día del Maestro.

El 25 de mayo del mismo año, una amplia Asamblea de Maestros eligió a los profesores Eliécer Irigoyen Solís y Rafael Avilés como Secretario General y Secretario de Actas y Comunicaciones, respectivamente, del Sindicato Nacional de Educadores Ecuatorianos, que fue el nombre oficial que adoptó la organización magisterial, a pesar de que la mayor parte de los Sindicatos provinciales se denominaron de “Trabajadores de la Enseñanza”. Luego se estructuraron los nuevos sindicatos Provinciales que designaron sus representantes ante el Comité Ejecutivo Nacional. El Estatuto del Sindicato Nacional se elaboró contando con las sugerencias hechas por los Sindicatos provinciales, que a su vez, recibieron las de los sindicatos cantonales o de algunos profesores que decidieron enviarlas.

En busca de un óptimo funcionamiento de su organización, los maestros sindicalizados trazaron las principales líneas de acción; la mayor autonomía posible frente a los gobiernos; no permitir acción alguna de coarte las actividades legales de los núcleos sindicales; garantía absoluta el derecho de reunión; facilidades de todo orden para la movilización de los sindicalizados; los sindicatos de profesores deben ser los auxiliares poderosos para la organización gremial, sindical o de grupos de los trabajadores del campo; los sindicalistas debe intervenir, con toda la seriedad de su estructura democrática y dando un verdadero ejemplo a la ciudadanía, en los diversos procesos eleccionarios para llevar a uno o más de sus miembros a los concejos municipales o a los congresos, como un medio poderoso para defender las intereses del niño, de la escuela, del maestro y, en general, de la democracia.

Los sindicatos lucharán: a) Por la aplicación correcta de la Ley de Escalafón; b) Por una Ley de Sueldos; c) Por una buena infraestructura de los planteles educacionales; d) Por el establecimiento de la escuela laica única; e) por la conservación y fomento de las instituciones democráticas y contra los perjuicios raciales, el latifundismo improductivo, el capitalismo nacional y extranjero, que solo se distingue por la explotación del hombre.

Notable combinación de objetivos gremiales y democráticos y claro entendimiento de las tareas políticas para conseguirlos, se encuentran en los renglones anteriores y marcan la pauta de lo que será el desarrollo de la acción gremial en los años siguientes.

LA PRIMERA LEY DE ESCALAFON DEL MAGISTERIO

Cabe detenerse en la importancia histórica que tuvo el gobierno de Enríquez Gallo para el maestro ecuatoriano. El principal logro que se alcanzó en esta etapa fue la promulgación de la primera Ley de Escalafón del Magisterio. Ya en 1925 a raíz de la Revolución Juliana , los profesores primarios por medio de una Liga Nacional de Preceptores, habían presentado a la Junta de Gobierno un memorando de aspiraciones. En él, se solicitaba el establecimiento de la carrera del magisterio primario, así como un sueldo mínimo y el escalafón profesional; además se consignaba en el memorando la aspiración de la creación definitiva de la Caja de Jubilaciones y algunas otras aspiraciones importantes.

El escalafón fue un sueño largamente acariciado por los profesores ecuatorianos; siempre lo reclamaron los gobiernos de turno, y siempre vieron postergarse su concretación. Muchísimas ocasiones presentaron los documentos exigidos por el Ministerio del ramo, sin que ellos tengan otro destino que alguna gaveta de un empleado de segunda categoría, cuando no e canasto de los papeles inservibles. “como un ave veraniega ha vuelto a insurgir en el terreno magisterial le traqueada idea del escalafón. Una vez más el sueño dorado de los maestros, olvidados “aprisiona su conciencia y hace renacer esperanzas fallidas en lo profundo de la postergación”. Así se lee en el Editorial de la publicación de cuadernos Pedagógicos, No. 13, de mayo de 1936. Luego de hacer varias consideraciones en torno al tema, concluye el editorialista, “He aquí algunos puntos que nos han venido hoy que recomenzamos al sueño de nuestro adorado escalafón”.

Recién el 10 de enero de 1938, se promulgo la Ley de Escalafón del Magisterio. En ella se regulaban los ingresos a éste, así como los ascensos; estos se establecieron para cada dos años, a partir de siete “clases” y de dos a tres categorías por clase, desde profesor de escuela rural hasta Director de Educación.

Además, la ley regulaba las licencias, pases y suspenciones, aunque permitiendo que éstas sean por “necesidades del servicio”, lo cual dejaba expuestos a los maestros decisiones arbitrarias de las autoridades. Según esta Ley, el Escalafón lo determina el Ministerio, en vista de la Hoja de Servicios, para lo cual se creó la Sección de Escalafón. Quedaba, por último, a la decisión del Ministerio establecer la planta y los sueldos anualmente. La Ley contiene 44 artículos u está firmada por el Coronel Francisco Urrutia, Ministro de Educación, y el subsecretario, Gonzalo Domínguez.

La importancia de esta Ley, a pesar de sus limitaciones, radica en que por primera vez se atiende a la antigüedad del maestro para mejorar su remuneración, y se busca otorgarle el respeto a su estabilidad, que no había estado antes garantizada y venía de ser brutalmente atropellada por los regímenes de Velasco Ibarra y Federico Paéz, que se constituyeron en uno de los períodos más aciagos para los educadores ecuatorianos. En efecto, el gobierno de Páez con sus Ministros Aurelio Bayas y José A. De Rubira Ramos, de Gobierno y Educación, respectivamente, “desató una andanada de cancelaciones, prisiones, expatriamientos y persecuciones de todo orden, especialmente contra los profesores que militaban en las filas de los partidos de izquierda”. Julio Estupiñán Tello describe así esta situación. “ El normalismo sufrió por dos ocasiones la despiadada arremetida de la reacción de este País: primero en los albores del liberalismo estuvo en la vanguardia de la lucha y por ello llevó la peor parte; luego, es los albores del socialismo, el liberalismo hecho poder, y más concretamente, desde el gobierno de Tamayo y luego en los gobiernos de Páez, Velasco Ubarra, Mosquera Narváez y Arroyo del Río , el normalismo sufre cancelaciones, persecuciones, enjuiciamientos, conflictos ya no con los cléricos de antaño, sino con el partido liberal que tanto le debía. Ayer fue un estigma el liberalismo, ahora era toda clase de izquierda, toda intención de cambio se llamó comunismo”.

El gobierno del general Alberto Enríquez Gallo, que reemplazó por medio de un golpe militar al de Federico Páez, procuró dotar al país de instrumentos legales que se sirvieran de marco para el desarrollo de todos sus sectores; así como se promulgaron el Código de Trabajo, uno de los mas avanzados de América; la Ley Orgánica de Educación y sus Reglamentos; la Ley de Educación superior, el Código de Menores, la Ley Orgánica de Hogares de Previsión Social; la Ley de Cooperativas; la Ley Orgánica de Deporte Nacional y la Ley de Escalafón del Magisterio, como queda señalado.

EL MAGISTERIO DURANTE EL ARROYISMO

Pronto, ese breve paréntesis de relativo bienestar que vivió el Magisterio durante el régimen de Enríquez Gallo, llegó a su fin y de manera cruel. La Asamblea Constituyente convocada por Enríquez enero de 1938 y que en diciembre de ese año designará Presidente Constitucional al Dr. Aurelio Mosquera Narváez, fue disuelta por el propio Presidente electo, en un acto ruin y desleal. A la sazón, el panorama económico del país era favorable; se vivía un repunte de las exportaciones agrícolas que duplicaron sus cifras; 5.478, en 1936 y 10.973, en 1937 (en miles de dólares). Esto significó que la burguesía de Guayaquil, principal beneficiaria de este fenómeno, se envalentone y busque imponer un gobierno a su entera satisfacción, luego de que la etapa progresista de Enríquez Gallo la había mantenido al margen de las más importantes decisiones de gobierno. A esto se añade que, a pesar de que el partido socialista había desaprovechado las oportunidades que tuvo e los primeros meses del gobierno de Federico Páez, luego el de Enríquez Gallo, la izquierda, en general se había fortalecido, y su avance preocupaba a los sectores oligárquicos, tanto liberales como conservadores. Carlos Alberto Arroyo del Río y su brazo derecho, Andrés F. Cordova, impusieron para Presidente de la República en la Asamblea de 1938, un hombre débil, dócil y obediente que iba a cumplir sin chistar sus órdenes. Aurelio Mosquera Narváez pronto desató una represión violenta contra los sectores progresistas, que integraban la asamblea y luego de disolverla con la acción brutal de militares comandados por el Ministro de Defensa Galo Plaza Lasso, encarceló y expatrió a varios diputados. El pretexto utilizado por Mosquera fue que la Asamblea se aprestaba a ascender el generalato al coronel Luis Larrea Alba, pero el motivo real consistía en impedir que entre en vigencia la prohibición para que los abogados de empresas extranjeras pudieran ser elegidos presidentes de la República, lo que afectaba directamente a Carlos Arroyo del Río.

Para el magisterio ecuatoriano comenzó nuevamente otra etapa nefasta. El gobierno títere de arroyismo, por medio de una Codificación de la Ley de Escalafón, introdujo artículos o reformas a los existentes que legalizaban la persecución a los maestros, con la aplicación de suspensiones o separaciones al arbitro del Ministro. Igualmente en la Codificación lleva la firma del ministro Dr. José María Estrada Coello, uno de los más enconados enemigos que han tenido los maestros, en el seno de la burguesía. Este ministro sirvió a cabalidad los afanes persecutorios de los liberales Arroyo del Río, Andrés F. Córdova y Mosquera Narváez. Hostigó a los maestros con circulares amenazantes y groseras; si bien no prohibía la participación de los maestros en política, sino “en cuanto ella se desarrolle en los planteles educacionales”, en la práctica perseguía a los que militaban en los partidos de izquierda. Otra vez aparecieron las cancelaciones, los traslados y el veto a todo nombramiento que podía recaer en profesores considerados peligrosos por su ideas opuestas al régimen.

A más de estas reformas retardatarias, el Congreso Extraordinario convocado por Mosquera, introdujo en la Ley de Elecciones, una transitoria que permitía al ejecutivo nombrar “libremente” funcionarios representante, empleados o delegados, dando por terminados los plazos señalados en la leyes. El Gobierno usó esta norma para irse contra la autonomía universitaria y pretendió nombrar nuevos profesores en la Universidad Central. Así mismo, arremetió contra el Normal Juan Montalvo y otros planteles del país, arrojando a la desocupación a muchísimos profesores.

Los maestros respondieron con altivez y desencadenaron un gran movimiento de oposición al régimen filo – fascista de Mosquera, que se inspiraba sin lugar a dudas en las prédicas de la falange española y del “fascio” de Mussolini.

Las relaciones entre el Ministro y el Sindicato de Educadores eran cada vez más tirantes; la constante violación a la Ley de Escalafón por parte de Estrada Coello, ocasionaba que el Sindicato protestara y reclamara las rectificaciones respectivas. El ministro por su lado, buscaba debilitar al organismo clasista, estimulando la delación; organizando “sindicatos” católicos de profesores laicos, obligando a estos a que se separen del Sindicato Nacional, y persiguiendo a los educadores que mantenían una actitud digna y consecuente con el gremio .

En Febrero de 1939, el Ministro arremetió contra el Normal Manuela Cañizares, separando de él al profesorado masculino, e una actitud torpe e insultante para la dignidad y de las alumnas y maestros de ese plantel. El atropello a las universidades y la intervención desacertada en el Normal de señoritas, colmaron la paciencia delos educadores y llevaron a que el Comité ejecutivo nacional del Sindicato de Maestros decretara el 17 de marzo, el paro de las actividades docentes en toda la República “hasta obtener un franco y verdadero respeto al honor de la Educación Pública Ecuatoriana”.

El Normal Juan Montalvo, en Asamblea de Profesores acordó la disposición sindical y se adhirió a la actitud valiente de la dirigencia magisterial El Ministro encontró asidero para desencadenar su odio y clausuró ese plantel, e inmediatamente la Universidad Central. Igualmente dispuso la apertura de procesos penales y el enjuiciamiento y órdenes de prisión contra las figuras más relevantes del magisterio.

La prensa nacional, los estudiantes universitarios y de los Colegios Mejía, Juan Montalvo, las organizaciones obreras, personalidades políticas e intelectuales, y, en general, todos los hombres y mujeres libres y sensatos del país, repudiaron estas acciones y respaldaron a los maestros y al sindicato que los representaba.

LA UNIVERSIDAD CENTRAL DEL ECUADOR Y EL NORMAL LIBRES

Como la clausura de la Universidad y del Normal Juan Montalvo, se prolongara, los padres de familia de este último plantel, se dirigieron al Rector Dr. Alfredo Carrillo y a los profesores, para expresarles su “voz de gratitud y confianza por haber dado pruebas de amor y fidelidad para con todos sus alumnos. La historia de la vida juvenil tiene que existir con caracteres de oro. En sus páginas brillarán los nombres de aquellas personas que tan desinteresadamente han cooperado en la culturalización de los hombres del mañana “En otra parte, afirman” La bondad y eficiencia de la labor desarrollada por Ud. Y sus colaboradores, nos obliga a formular nuestro reconocimiento justo y severo”. Concluyen su misiva, solicitando que funcione el Colegio como “Instituto Libre”, para lo cual conseguir el local.

La acción emprendida por este grupo de padres de familia, cuyo Comité estaba presidido por el Dr. Ramón Ulloa es un hecho histórico de enorme importancia, pues se constituye en el ejercicio de poder popular frente a la arrogancia del poder gubernamental. Los padres de familia establecieron el Colegio Normal Libre; designaron como su Rector al Dr. Alfredo Carrillo, que ejercía esas funciones de momento de las clausura ministerial y dejaron en sus manos el establecimiento de los horarios de los profesores que desempeñarían las cátedras Profesores, padres de familia y alumnos inauguraron el plantel, y comenzaron a trabajar desde junio hasta la finalización del año lectivo, en forma regular y entusiasta. Hermosa y ejemplar lección, la de esta jornada del magisterio nacional junto al pueblo.

Simultánea, se implantó la Universidad Libre, dirigida por el Dr. Gualberto arcos, rector titular de la Universidad Centra, quien había renunciado cuando el Ministerio trató de designar a los profesores en la reorganización de ese centro de estudios, por encima de la autonomía universitaria El Consejo Universitario respaldó al rector y no aceptó la reorganización gubernamental.

El Sindicato Nacional cuyo Secretario General a la sazón era el profesor Eliecer Irigoyen S., colaboró eficazmente en el propósito de establecer el Normal Libre, Así lo reconoció el Dr. Alfredo Carrillo, cuando en el discurso de clausura de los cursos, dijo en uno de sus párrafos: “Cabe la expresión de gratitud .para el sindicato Nacional de Educación, en cuyo programa consta el apoyo decidido para toda empresa de cultura que entraña significación del estudiante y del maestro. El sindicato si que pertenecen casi todos los profesores del Normal Libre, en todo momento ha prestado facilidades que contribuyeran al mejor éxito de los diversos actos preparados por el Colegio”.

Calificaron la importante del funcionamiento del Normal Libre, personalidades e instituciones, en términos enaltecedores.

“El Normal Libre es puesto un jalón en la trayectoria de la Pedagogía Nacional, Profesores, estudiantes y padres de familia, en conjunción admirable, han mostrado al Continente que el Ecuador tiene en sus juventudes una llama que no podrá ser extinguida” (Dr. Alfredo Carrillo, Discurso en el Acto de Clausura del Normal Libre).

“¡Os admiramos, queridos profesores del Normal Libre! La juventud que habéis dirigido con acierto, develo y comprensión, ha sentido en su mente el fuego de vuestras ideas generosas” (Estudiantes Norberto Paredes, portavoz de los alumnos, en el mismo Acto).

“”Universidad Central Libre” y “Normal Libre”, magníficos ejemplos, hermosas lecciones que constituirán símbolos de una juventud que está decidida a defender con toda energía los principios democráticos” (Oswaldo Custode, Secretario General del Comité Ejecutivo Universitario, 11 de junio de 1939).

“Ahí están impertérritos y estoicos, el Normal y la Universidad Libres de quito, erguidos a fuerza de sacrificios, pero fieles a su deber de atalayas de la civilización ecuatoriana” (Núcleo Central de Otavalo, del Partido Socialista Ecuatoriano, 19 de junio de 1939.

“La Sociedad Jurídica - Literaria, resolvió por unanimidad “tributar un caluroso aplauso por la eficiente y medular organización del colegio Normal Libre “Juan Montalvo”, en las personas de sus fervorosos y prestigiosos Rector y profesores, haciendo historia nacional con su gesto – raíz de cultura democrática - y salvando de la desorientación a una valiosa parte de la juventud ecuatoriana” (Miguel Angel Zambrano, Presidente Rafael Alvarado, Secretario)

“La Historia de la pedagogía nacional recordará en sus mejores páginas la creación del Normal Libre, como un esfuerzo glorioso de cultura frente a la opresión y la barbarie oficiales” ( Dr. Gualberto Arcos, Rector de la Universidad Central) (33)

CUADRO DE PROFESORES DEL NORMAL LIBRE

RECTOR: Alfredo Carrillo; VICERRECTOR: Juan A. Checa Drouet; SECRETARIO; Julio S. Maldonado; PROFESORES: Virginia Larenas, Emilio Uzcátegui, Ramón Muñoz, Ezequiel Irigoyen, Luis H. Jarrín, Cesar Sylva, Ruben T. Sylva, Pedro R. Páez, Juan Francisco Cevallos, Joaquín Mena, Atanasio Viteri, Alfonso Cuesta, y Cuesta, Miguel Salazar, Anibal Endara, Arturo Freire, Manuel del Pino, Ignacio Gaibor Mora, Jorge Oña, Julio Sacotto Arias, Eduardo Rodríguez, Homero Villamil, Enrique Páez, Carlos Benítez, Hugo Albornoz, Caros Narváez, Julio Delfin Ruales y Manuel Guevara (Tomado del libro “Años de Oprobio” del Dr. Gualberto Arcos).

El Normal y la Universidad Libres funcionaron hasta septiembre de 1939, fecha en la que se reabrieron oficialmente los dos planteles y reiniciaron sus labores regulares.


Aurelio Mosquera Narváez murió en pleno ejercicio de la presidencia, el 16 de noviembre de 1939. Asumió el poder, Carlos Arroyo del Río, en razón de ser el Presidente del Congreso, y luego de unas semanas, lo hizo Andrés F. Córdova, por su condición de Presidente de la Cámara de Diputados, pues Arroyo del Río aceptó la candidatura a la primera magistratura en las elecciones que tendrían lugar el 10 y 11 de enero de 1940. La mayoría de historiadores coincide en señalar que estas elecciones fueron fraudulentas y que, una vez más, se había escamoteado el triunfo al verdadero ganador de ellas. Arroyo, como era previsible, fue declarado electo y se posesionó el 1 de septiembre de 1940.

Arroyo del Río se mantuvo en el poder, a pesar de la amplia oposición democrática que, desde el inicio de su gobierno, se elevó en el país. Fatuo y engreído, con el auxilio de un Congreso de áulicos y una fuerza de represión policial matorril, impuso de régimen oprobioso, de manejos sin escrúpulos, de represión, carcelazos y destierros. Los partidos de izquierda liberaron la idea de conformar una agrupación política para oponerse al dictador (en la práctica Arroyo del río lo era, gracias a los poderes extraordinarios que le confirió el Congreso durante casi todo su período). Esa agrupación se denominó Alianza Democrática Ecuatoriana (ADE) y estuvo integrada por todos los sectores políticos organizados, a excepción del liberalismo arroyista.

La posición al régimen crecía día a día; el manejo indolente y antipatriótico del conflicto bélico con el Perú en 1941, y la firma del Protocolo de Río de Janeiro, el 29 de enero de 1942, produjeron el climax anti-arroyista y de allí en adelante, el país vivió entre las manifestaciones populares, los intentos de la toma del Palacio, la formación de los comités de A.D.E., por una parte, y la brutal represión policial del Cuerpo de Carabineros , por parte del Gobierno Finalmente, el 28 de Mayo de 1944, una sublevación, popular iniciada en Guayaquil, y continuada inmediatamente en el resto del país, dio al traste con el odioso régimen e implantó un gobierno que, en sus inicios, fue de clara tendencia progresista y democrática. Un analista de esa época dice: “El buró político de A.D.E. tomó en sus manos el poder, pero no para retenerlo, sino para entregarlo al gran ausente, es decir , Velasco Ibarra”.

El gabinete de la insurrección del 28 de Mayo (conocida como “La Gloriosa”) tenía en su seno a un socialista y a un comunista. Muchos maestros habían trabajado intensamente en el derrocamiento de Arroyo; un alto porcentaje de los comités de A.D.E estaban presididos por profesores primarios o secundarios, y luego en la Asamblea Nacional Constituyente que se integró en ese año, mediante elecciones populares libres, fueron elegidos y desempeñaron un papel preponderante en la elaboración de la Carta Magna, que se aprobó en abril de 1945 y que es una de las progresistas que ha tenido el país, aunque su vigencia fue efímera por la pronta traición que se produjo en marzo de 1946, con el golpe de estado derechista dado por Velasco Ibarra y su ministro de gobierno, Carlos Guevara Moreno

La “Gloriosa” entregó al país, a más de la Constitución de 1945, varias conquistas importantes. Su fundó la Casa de la Cultura Ecuatoriana se refundió él diario socialista LA TIERRA, se expidió la Ley de Patrimonio Artístico, se constituyeron la Confederación de Trabajadores del Ecuador (CTE), La Federación Ecuatoriana de Indios (FEI), la Federación de Estudiantes Universitarios de Ecuador (FEUE); se expidió una nueva Ley de Escalafón y Sueldos del magisterio nacional, en la que nos detendremos en las líneas siguientes.

Ya en abril de 1944, la sección provincial del Guayas de A.D.E. , AL ABORDAR EL PROBLEMAS DE LA EDUCACIÓN EN EL Ecuador establecía que el programa de esta organización política era “llenar de escuelas” a la Patria “desde el Jardín de Infantes hasta los cursos de Post-Graduados”, apoyar la investigación científica, los colegios técnicos, la organización de los estudiantes en organismos propios de ellos, la dotación de material de enseñanza moderno y útil. En lo que se refiere a los maestros, dice “Pero quedaría incompleto al planteamiento del problema si no se mira porque la renta que perciban los profesores esté a la altura de sus necesidades, si no se reconoce la necesidad del maestro de vivir como hombre culto, de poder alimentarse debidamente, de vivir en habitaciones confortables, con las seguridades necesarias para si y su familia”. En otro párrafo, afirma: “ La reivindicación económica y moral de maestro, es uno de las puntadas básicas de la educación”.

Por su parte, la Asamblea Nacional cumplió con los maestros; el 24 de noviembre de 1944, expidió una nueva Ley de Escalafón y Sueldos que buscaba “introducir mejoras con respecto a la Ley anterior”, como manifiesta uno de los considerandos de la Asamblea . En efecto, la Ley de 1944 constituyó un adelanto para el Magisterio; se simplificó el cuadro de las categorías, reduciéndolas a diez y estableciendo los ascensos cada cuatro años, previo el cumplimiento de requisitos apropiados, y un aumento de sueldo de 10% en cada ascenso. La Ley creó una Comisión Provincial de Educación para el mejoramiento profesional del maestro y estableció reconocimientos por servicios funcionales. Importante aspecto fue el establecimiento del sueldo básico de la primera categoría). Este cuerpo legal contiene 71 artículos y esta firmada por Francisco Arizaga Luque, y Manuel Agustín Aguirre, dos políticos de izquierda, que desempeñaban las funciones de Presidente y Vicepresidente de la Asamblea respectivamente.

Pero nada ha sido gratuito para el maestro ecuatoriano. Para que se de cumplimiento a esta Ley, por parte del Ejecutivo, el magisterio tuvo que presionar y llegar hasta la amenaza de un paro. El Presidente Velasco se vio obligado a declarar públicamente ante un numeroso grupo de profesores que llegaron el 28 de enero de 1945, hasta su despacho, que el Consejo de Gabinete “resolvió cumplir con los sueldos de los profesores de acuerdo a la Ley de Escalafón”. Pero manifestó: “encuentro reprobable el paro, la amenaza, la agitación contra el gobierno.....yo no puedo consentir la anarquía y el desorden a que está arrastrándonos una serie de agitadores irresponsables, sin conciencia..... no os dejeís engañar por los agitadores y poneos por encima de todo sectarismo”. Cabe señalar que en el año 1945 se rebajó del 16.09% que tenía, aunque en 1946 se lo subió al 17.16, volviéndose a rebajar en 1947 al 15.15%.

EL CONGRESO DE LA UNIDAD DEL MAGISTERIO, DE AGOSTO DE 1944

A raíz de la embestida gubernamental contra el Sindicato Nacional de Educadores en 1939, esta organización quedó “no solo vapuleada, sino mal herida, agonizante. Se necesitaba temeridad para permanecer en sus filas”. Sin embargo, subsistió durante el gobierno de Arroyo de Río. El doctor Emilio Uzcátegui fue nombrado Secretario General y llevó adelante algunas acciones importantes, pero siempre limitadas a lo académico, pues ya hemos visto las circunstancias políticas en que se devolvió el país de 1938 a 1944. Como una guerra a muerte, entre el gobierno y e socialismo, describió Angel Felicisimo Rojas, a esta etapa. El Sindicato trabajó prácticamente en la clandestinidad.

Luego de la insurrección del 28 de mayo, hubo un despertar democrático vibrante; la movilización de las fuerzas políticas y sindicales fue grande, entusiasta. El país buscaba con ansias aprovechar ese furor y alcanzar adelantos institucionales en todo los órdenes; político, cultural, social. La cercanía de las elecciones para una Asamblea Constituyente puso en actividad no solo a los partidos políticos, sino también a los gremios e instituciones que debían tener representación funcionales, los secundarios, elegidos por los rectores de los Colegio oficiales y particulares, y los primarios por un Congreso de Maestros. Este hecho apresuró la organización de ese Congreso por parte del Sindicato Nacional de Educadores. Se concibió inicialmente su estructura con 51 representantes, 3 por cada provincia del país (en esa época eras 17 provincias); de los 3 delegados provinciales, 2 serían pertenecientes al sindicato y uno no sindicalizado, nombrados en asambleas. La reunión del Congreso tenía el objetivo, además de designar a los diputados funcionales, el de “propender la unificación del Magisterio Primario para que este quede definitivamente estructurado en una robusta institución”.

El Congreso Nacional de Profesores se reunió el 1 de agosto en el teatro Nacional Sucre de Quito; designó como su presidente al Dr. Emilio Uzcátegui, y como Secretario, al profesor Ezequiel Torres A.

En la sesión inaugural, llevaron la palabra los profesores Eliecer Irigoyen, Eloy Velásquez, a nombre del Sindicato de Maestros del Litoral; Alfredo Carrillo, Jefe Técnico del Ministerio; Luis Pazmiño Cabezas en representación de la Unión Sindical de Pichincha; Emilio Uzcátegui; Pedro Saad, en representación de la flamante CTE y Alfredo Vera, Ministro de Educación.

Estos fueron los principales criterios vertidos en esa oportunidad:

Eliecer Irigoyen “El vía crucis del magisterio, comenzó en 1939, en la época en que el Ministerio de Educación fue constituido en un Ministerio de cárceles y policía. Hasta se llegó a traer una misión del país de Franco para dar una modalidad falangista a la educación...... Este congreso tiene como labor fundamental conseguir la unificación del Magisterio”.

Eloy Velásquez “El maestro de escuela tiene terror a la jubilación, por ser una condena al hambre y la pobreza”.

Emilio Uzcátegui: “Por primera vez en la historia tenemos en el Ministerio a una persona que ha tenido el valor de estampar su firma como miembro del Sindicato........El Sindicato ha sobrevivido al sexto año de su vida legal, a pesar del hambre y del fuego, y a pesar del odio y el desdém....... Hasta cuando el Educador no le declaró la lucha. El Ministerio de Educación, salvando la época de un Dillon, de una Manuel María Sánchez, de un Carlos Zambrano, ha sido un objeto de res nulius como para que la toma el primer ocupante......... En el país se he hecho un torpe nazismo criollo”.

Alfredo Vera, luego del saludo dirigido por Pedro Saad, intervino para delinear un programa de acción de su ministerio, que podría resumirse en los siguientes aspectos; incremento de escuelas primarias; establecimiento de las escuelas prediales; escalafón profesional; campaña de desanalfabetización (conjuntamente con la UNP); organización de las Escuelas de Pedagogía y Letras, Agronomía y Veterinaria, Química Industrial y de Minas en la Universidades y conscripción médica.

El Congreso trabajó del 1 al 4 de agosto. Abordo la siguiente agenda: Aspectos político – religiosos de la educación; (2) El magisterio frente a las conquistas populares y las masas obreras; (3) La reforma técnica de la educación ecuatoriana; (4) Ley de escalafón y Sueldos; (5) El problema indígena y sus conexiones con la educación; (6) El control y la dirección educativa.

Entre las resoluciones más importantes, adoptados por este congreso, se pueden señalar; (1) Que la sindicalización de maestros sea libra y no obligatoria; (2) Que se haga una escuela democrática, con rechazo al falangismo y al fascismo; (3) Que se propenda al profesionalismo en la enseñanza; (4) Que se intensifiquen las relaciones del Sindicato, con las organizaciones, obreras y de alfabetización; (5) Que se imparta cursos y cátedras de orientación social y política a los maestros; (6) Que se establezca una editorial para que los maestros puedan publicar sus textos.

Concluyó este Congreso al que se lo denominó “de la unificación del Magisterio”, con una declaración que contiene los puntos ya señalados, y designación a los representantes a la Asamblea Constituyente, por la educación primaria de la Sierra y de la Costa. Esas dignidades rcayeron en Emilio Uzcátegui y Eloy Valáquez Cevallos, y como suplentes, Ruben Sylva y Cesar Névil Estupiñan, respectivamente.

Concurrieron un total de 83 delgados. Fueron sus relatores los profesores Tirso Gómez y Gonzalo Rubio.

El Congreso rindió un homenaje al maestro Reynaldo Murgueytio. “por la labor de apostolado y abnegación realizada en el Normal Rural Indígena de Uyumbicho”.

Este fue el mayor Congreso de maestros primarios que se instaló y funcionó en el país, según la relata el Dr. Emilio Uzcátegui, al realizar una memoria de los anteriores en un artículo aparecido en el número 11-12 de la Revista Ecuatoriana de Educación, de la CCE, en 1950.

Refiere Uzcátegui que “parece” que el primer congreso del Magisterio Ecuatoriano sesiono del 12 al 26 de agosto de 1916, convocado por el Ministro Manuel María Sánchez. Se denominó “Primera Conferencia Pedagógica Nacional” . su objeto fue “orientar el criterio del profesorado primario en cuanto a la implantación del Nuevo Plan de Estudios de Instrucción Primaria, Elaborado por el misión alemana Sharnow, Rubbel y Himmelman”. Un segundo Congreso Nacional de Educación Primaria y normal también fue convocado por Manuel María Sánchez, en conmemoración del Centenario de la República. Se reunió en Quito del 29 al 31 de mayo de 1930. Asistieron delegados del magisterio primario de cada provincia, representantes de los Institutos Normales, de las escuelas anexas y profesores de educación de la Facultad de Filosofía y Letras y el Director de Estudios.

También hace el Dr. Uzcátegui memoria de los Congresos de Profesores Secundarios que se reunieron en los Colegios Vicente Rocafuerte de Guayaquil y Mejía de Quito, los años 1941 y 1947, respectivamente, y cuyas resoluciones se pueden encontrar en las publicaciones “Primer Congreso de Profesores de Enseñanza Secundaria” y “Segundo Congreso de Enseñanza Secundaria Laica” hechas por los planteles que sirvieron de anfitriones a los eventos (49).

EL COMITÉ NACIONAL DE DEFENSA DEL MAGISTERIO

Luego del entusiasmo el Congreso de la Unidad del Magisterio de 1944, y una vez que se eligieran en él los diputados funcionales por la educación primaria para la Asamblea Nacional Constituyente de eses año, vino una etapa de cerca de dos años durante la cual desapareció todo forma de organización gremial, y campeó el individualismo, el mutuo recelo y la audacia personalista (50). El golpe dictatorial de Velasco Ibarra en marzo de 1946, encontró al maestro laico desprotegido y expuesto a toda clase de atropellos por parte del poder público, secuestrado por los políticos conservadores. La Carta Política elaborada por la Constituyente de 1946, si bien mantuvo garantías individuales que habían venido consagrándose en el derecho constitucional ecuatoriano, introdujo normas a favor de la educación particular que desde entonces puede acceder a la ayuda financiera, en detrimento, naturalmente, de la educación fiscal.

En estas circunstancias, los maestros comprendieron que debían deponer rivalidades y egoísmos, y tratar de reconquistar la organización que los gobiernos liberales habían logrado destruir, a partir de la hegemonía arroyista en el poder. Así fue que, en julio de 1947, se conformó en Quito un Comité al que se denominó Pro-defensa del Magisterio. Pronto siguieron el ejemplo las provincias y una vez que se constituyeron algunos Comités provinciales, se integró un Comité Nacional de Defensa Económica del Magisterio. Sus organismos fueron un Comité Ejecutivo y u Directorio integrado por representantes indirectos de los comités filiales de provincias.

Aunque las finalidades de este Comité se reducían a las reclamaciones económicas de los educadores, la existencia de este organismo vino a ser de fundamental importancia, puesto que quienes lo dirigían buscaron que se transformara en una entidad más sólida, de más amplio contenido programático que no se limite a las conquistas económicas, sino que luche por una educación democrática que garantice los derechos del niño y del maestro, y contribuya al desarrollo del país.

El profesor Ciro Maldonado Jarrín, presidente del Comité de Defensa del Magisterio, durante el año 1949 condujo un gran movimiento de los maestros para constituir un ente unitario de los educadores, que contara con personería jurídica, y que agrupare de manera definitiva a los trabajadores de la enseñanza y los condujera en la lucha por las conquistas democráticas más sentidas del pueblo y la causa de la educación popular.

En principio, las labores del Comité se consagraron a alcanzar la dignificación del Magisterio, mediante el logro de mejoras económicas, culturales y sociales.

Ya hemos visto cómo el liberalismo había declarado la guerra al Magisterio, en razón de que éste contaba en sus filas con un crecido número de militantes de izquierda y ello, a juicio de la oligarquía que controlaba el viejo Partido, ponía en peligro su predominio y su falso discurso anti-derechista. Los gobiernos de Mosquera Narváez y de Arroyo del Río, y luego el de Velasco Ibarra, a partir de 1946, tenían en el abandono a las escuelas y colegios fiscales, a los que les hacía falta de todo para impartir una educación apropiada a las avances científicos y tecnológicos que vivía el mundo; a los maestros se les seguía pagando sueldos de hambre, a más de discriminarlos por su ubicación política y de perseguirlos con cancelaciones, traslados intempestivos y toda clase de abusos. La creación de una entidad clasista fuerte, vigorosa, que denuncie la situación descrita, y exija rectificaciones a esa política anti-democrática, traidora a los intereses del pueblo, que requería de una educación moderna que conduzca al país a salir del secular atraso en que vivía, se hacía imperiosa, Y así lo comprendió el Comité pro-defensa del Magisterio.

LA UNION NACIONAL DE EDUCADORES ECUATORIANOS

El 19 de abril de 1950, mediante Acuerdo Ministerial No. 624, el Poder Ejecutivo aprobó el Estatuto de la Unión Nacional de Educadores Ecuatorianos, que había sido elaborado por la Directiva del Comité pro-defensa del Magisterio, que pasó a constituir el Comité Ejecutivo Nacional de la flamante Organización, en virtud de una de las disposiciones transitorias de su Estatuto.

Así nació una entidad gremial destinada a cumplir un rol de primordial importancia en el proceso revolucionario ecuatoriano, por su lealtad con el pueblo, con la niñez y la juventud, y por su lucha junto a las organizaciones populares de trabajadores, campesinos, estudiantes, profesionales, intelectuales y padres de familia, en el enfrentamiento constante con la política antipopular de los gobiernos constitucionales o dictatoriales que se han sucedido en el poder durante la segunda mitad de siglo XX.

La entrega sistemática de las recursos naturales a las transnacionales; las constantes elevaciones de los precios de los alimentos, del vestuario, de los libros, de los servicios públicos, y el poder adquisitivo cada vez menor de la moneda nacional; la represión implacable ejercida contra los sectores estudiantiles y gremiales; la farsa de una democracia representativa que ha conducido invariablemente al poder a los representantes de los voraces grupos económicos de banqueros y empresarios inescrupulosos y anti-nacionales, han merecido el combate valiente y lúcido de la Unión Nacional de Educadores, cuya lucha a logrado varios triunfos políticos sobre la burguesía enquistada en el poder público y ha conseguido importantes progresos para la educación fiscal, y para las condiciones de vida de los profesionales que la sirven. Incomprendida, calumniada, perseguida, la UNE ha satisfecho a cabalidad las expectativas que despertó su creación y, contando con la simpatía y el apoyo de maestros, padres de familia y estudiantes de raigambre popular ha entregado su generoso aporte a la modernización de la educación nacional, en los foros y espacios de análisis y discusión de sus problemas, que ha promovido o ha sido convocada. Compelida en múltiples ocasiones, a radicalizar su combate a la injusticia, la UNE no ha vacilado, en tomar las decisiones que las bases del Magisterio han demandado, para derrotar la prepotencia y arrogancia de la burguesía en el poder, y el odio de clase de ministros de educación estrechamente ligados a los circuitos oligárquicos y políticos de la derecha. Derrotando a enemigos internos y de fuera de su seno, ocupar un sitio de capital importancia en el concierto político y cultural del país, como nunca antes en la historia ecuatoriana había alcanzado.

PRIMER CONGRESO DE LA UNION NACIONAL DE EDUCADORES

Conseguida la personaría jurídica de la UNE, el Comité Ejecutivo convocó a un Congreso para conformar el Comité Ejecutivo Nacional definitivo, y tratar numerosos asuntos contenidos en el siguiente temario.

PRIMERO.- La UNE y sus problemas básicos
a) Problemas de organización
b) Economía de la UNE
c) La Casa del Maestro

SEGUNDO.- La UNE y la Educación Nacional
a) Legislación educativa
b) Reforma de la Educación Nacional
c) Misiones pedagógicas, misiones culturales y Servicio Cooperativo de Educación.
d) El laicismo en la educación ecuatoriana
e) El niño, sus derechos y problemas específicos
f) Creación de escuelas y campaña pro-construcciones escolares

TERCERO.- La UNE y los problemas clasistas
a) Defensa profesional y económica
b) Ley de Seguro de Cesantía del Magisterio
c) Ley de jubilación
d) Representación funcional ante la legislatura para cada una de las tres etapas de la enseñanza.

CUARTO.- La UNE y los problemas internacionales
a) Educación para una paz justa y democrática
b) Los educadores y el Protocolo de Río de Janeiro
c) Relaciones de la UNE con organismos educativos internacionales

QUINTO.- La UNE y la estructuración de sus organismos directivos
a) Nombramiento y posesión de los dignatarios del Comité Ejecutivo Nacional conforme al artículo 14 del Estatuto.

DELEGADOS DEL MAGISTERIO O AL PRIMER CONGRESO DE LA UNE

Carchi : Ricardo Chávez, Cornelio Guerrero y Hé4ctor F. Orbe
Imbabura: Blanco J. Clavijo, Alfredo Jácome y Alberto Viteri Durand
Pichincha: Virginia Larenas, José Pérez Arellano y Joaquín Mena
Cotopaxi: Segundo Mena Dávila, Julio Cerda Vaca y León Bourgear
Tungurahua: Juan Jaramillo, Ricardo Vinueza y Alejandro Castro.
Chimborazo: Celso López, Roberto Maldonado y Edelberto Bonilla
Bolívar: Heriberto González, Víctor Tapia del Pozo y Napoleón Arregui Ch.
Azuay: José Miguel Guevara y Samuel Cisneros
Loja: Manuel Fernández, Fernando Velastegui y Manuel Zárate
Guayas Ana Rosa Vera, Carlos Moreno Arias y Eloy Velásquez
Los Ríos: Jules Paredes, Nicasio Troya y Pedro F. Posligua
Manabí: Mario Chancay, Isabel Vera Loor y Olga Vallejo de Briones.
Esmeraldas: Eduardo Sotomayor, Atahualpa Perdomo y Tirso Gómez
El Oro : Guillermo Maldonado, Héctor Toro B. Y Nelson Torres
Napo, Pastaza: Blanca Andrade Salas, Rodrigo Villegas, Odilo Aguilar, Julio Sacoto
Arías, Benjamín Sarmiento y Humberto Vicuña Novillo
Santiago Zamora : Luzmila de la Bastida, Raúl Andrade y César Rodríguez
UNE: Ciro Maldonado Jarrin y Lola Narváez (suplente)


DELEGADOS FRATERNALES

Jorge Fernández, José Chano, José Paladines, Bolívar Potes, Emilio Uzcátegui, Aurelio García, Oscar Efrén Reyes, Campo Elías Bravo, Miguel Salazar, Luis R. Gómez, Rodolfo Guzmán, Jorge Salas, Enrique Dávila, Lola Narváez, Eloísa de Mayguashca, Héctor Lara, Jorge Jiménez, Jorge Bolívar Flor, Ezequiel Torres, Laura Almeida, Lucila de Villacreces.

OTROS DELEGADOS

Alfredo Jácome, Julio Sacoto Arias, Olga Vallejo de Briones, Guillermo Maldonado, Héctor Toro y Gonzalo Rubio.

El Congreso se reunió del 21 de octubre de 1950, en Quito. Discutió todos los asuntos planteados en la Agenda, aprobó el Estatuto de la Organización, y designó como Presidente del Comité Ejecutivo Nacional al profesor Nelson I. Torres, maestro de larga trayectoria clasista.

0. Por tratarse del Primer Congreso de la UNE, se publica la Agenda y la nómina de los delegados completas.

NOTAS
1. Pareja D., Alfredo ECUADRO: La República de 1830 a nuestros días, Editorial “Universitaria”, 1979, Pag. 379. “El Partido Socialista, al organizarse en 1925 (sic) era de más inspiración marxista y bolchevique que reformista.

2. No hemos encontrado referencia alguna a una organización sindical del magisterio, anterior a ésta.

3. Ellos fueron: Secretario General, doctor Medardo L. Torres y licenciado Gonzalo Cordero Crespo, doctor Joaquín Correa L., señorita Dolores J. Torres, señores José G. León, Amadeo Maldonado y Ramón Vintimilla. (Nótese la presencia en la directiva de la profesora Dolores J. Torres, considerada la más ilustre del Azuay y que podría ser la primera maestra inmersa en la lucha del magisterio nacional). A más de la directiva, consignemos los nombres de otros sindicalizadores: José V. Andrade, Saúl T. Mora, Alfonso Cuesta y Cuesta, Rubén Silva, Julio Hurtado, Margarita Alvarado, Rafael Galindo, Alejandro Padilla y Abelardo Arizaga.

4. Ver SURCOS, Órgano del Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza Primaria del Azuay, No. 1, 31 de mayo de 1933.

5. Idem.

6. Rojas, Angel F., La novela ecuatoriana, Publicaciones Educativas “ARIEL” Guayaquil – Quito, s/f. Pág 181. “Núñez es uno de los primeros novelistas que, en el Ecuador, colocan la literatura al servicio de la causa de la justicia social”.

7. El Manifiesto tienen la firma de maestros como Emilio Uzcátegui, normalista, y Hugo Moncayo, Angel Modesto Paredes, futuros rectores del Instituto Nacional Mejía. El profesor de literatura Augusto Arias formó parte del grupo “La Antorcha”, organizador del núcleo central del Partido Socialista Ecuatoriano. Ver: Muñoz, Leonardo J., Testimonio de Lucha, CEN, 1988

8. Atlántida, Organo de la Federación de Estudiantes Ecuatorianos Director: Jorge Villagómez Yépez. Rdactores: Leonardo Arcos Córdova y Gonzalo Gallo Subía. Revista No. 10, Quito, abril de 1927, Pag 64. Artículo: El socialismo ante el problema educacional.

9. Los Andes, Revista dirigida por Alfredo Martínez y Antonio Montalvo. No. 3, abril de 1939, Pág. 4, artículo de Emilio Uzcátegui, ¿Por qué existe socialismo en el Magisterio?

10. Irigoyen, Eliecer. Informe del Secretario General del CEN, Nov. De 1938, pág. 1.

11. Cuadernos Pedagógicos No. 15, mayo de 1938. Artículo: SINDICALIZACIÓN DEL MAGISTERIO, pág. 31 y 32.

12. Albornoz C., Hugo L. El Sindicato Nacional de Educadores, en el Boletín Núm 1, Organo del CEN del Sindicato de Educadores, Quito, enero 1º. De 1939, pág 12 y sig.

13. Jarrín, Luis H. La defensa de clase, en el Boletín citado pág. 15.

14. Jarrín, Luis H. Ibidem, pág.16

15. Salazar E., Segundo Miguel, Etica Profesional, en el Boletin citado, pág.33.

16. Irigoyen, Eliecer. Rol del SEE en el concierto nacional, publicado en el Boletin citado. Pág.11.

17. El Asamblea estuvo presidida por el profesor Carlos Romo Dávila; en ella se designó una comisión para “que continúe los trabajos hasta que se constituya legal y definitivamente la “Asociación Nacional de Profesores”. Integraron la comisión de profesores Virginia Larenas, Aida Marín y Mercedes Zárate, y los profesores Carlos Romo D. Gonzalo Abad Grijalva, Manuel Utreras, Emilio Uzcátegui, Héctor Lara Ricardo Chávez y otros. La Asamblea se pronunció porque la organización de los maestros sea sindical. Actuaron como secretarios los profesores Rubén Sylva y Misael Jarrín. ( Tomado de El Día,.............)

18. Irigoyen eliecer. Informe del Secretario General, en el Boletin citado pág. 2.

19. Esta bien intencionada del Gobierno resultó contraproducente, pues condujo a la división de los maestros y a la animadversión de muchos de ellos contra el Sindicato.

20. Las organizaciones de maestros existentes en esa época, en los países americanos eran: la Unión de Profesores de Chile; La Asociación de Maestros Unidos de Costa Rica; la Asociación de Maestros de Panamá; la Federación de Maestros de Venezuela, la Sección Pedagógica de la Unión Revolucionaria de Cuba; la American Deferation of Teachers de Estados Unidos; la Progressive Education Associaation de Estados Unidos; la Unión del Magisterio del Uruguay, el Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza de la República Mexicana.

21. El Proyecto de Estatuto se encuentra en el Libro de Actas del SEE, de 1938.

22. Cuadernos Pedagógicos, publicación del Grupo de Maestros de igual nombre, fundado por Fernando Chávez, Gonzálo Abad Grijalva, Gonzalo Rubio Orbe, Ernesto Guevara, Estuardo Orbe, y otros, y e el que colaboraron educadores como Edmundo Carbo, Joaquín Mena Soto, Julio Aráuz, Luis H. Jarrín, Gabriel Garcés, Leonidas García, y el peruano Luis Alberto Sánchez, entre los primeros. El artículo “Sindicalización del Magisterio” de donde se extraen las líneas de acción y las tareas, apareció en el número 15, de mayo de 1938, cuando era director de Cuadernos Pedagógicos, Gonzalo Rubio Orbe.

23. También los profesores del Mejía hicieron presentes a la Junta Militar, sus necesidades de mejoramiento de los sueldos, jubilación de los profesores con veinte años de se4rvicio, sin límites de edad y otras.

24. Jarrín, Luis H., El Escalafón del Magisterio e el Boletín citado, pag. 17 y 18. Dice “La Ley expedida por el gobierno, significa un progreso, pero no constituye todavía algo que satisfaga plenamente..... El escalafón sin la correlativa base económica no tiene importancia primordial.

25. Guerrero Blum, Edwin. El Mejía en la década de los treinta, Editorial INM, 1986, Pág. 104. La nómina que consta en esta obra, de los profesores que fueron cancelados durante este período es la siguiente; Dr. Manuel Romero, Jaime Chávez Granja, Rafael Dueñas, Hernán Yépez Guerrero, Humberto Salvador y Manuel Alberto Mora, del Colegio Mejía; de otros planteles Fernando Chávez Atanasio Viteri, Carlos Romo Dávila, Virginia Larenas, Pedro Jorge Vera, Manuel Donoso, Pedro Belollio, Enrique Gil Gilbert y Rafael Coello Serrano, Se clausuró el Normal Juan Montalvo y se canceló a José Enrique Guerrero, Ricardo Alvarez, Carlos Narváez Eduardo Rodríguez, Armando Guevara, Hugo Maldonado y Rubén Sylva. Otros como Alfredo Pareja Dizcanseco, Eugenio de Janón, Jorge Bolívar Flor, Joaquin Silva, Joaquín Gallegos Lara, César Nevil Estupiñan, el español Ferrándiz Albornoz fueron apresados o expatriados. A más de los profesores nombrados, deben incluirse a los maestros esmeraldeños que señala Julio Estupiñan Tello, en su libro “Síntesis Histórica de la Educación y el Laicismo en el Ecuador”, U.C., 1991, pág. 59 y sig. Ellos son los normalistas Juan Antonio Checa Drouet, Enrique Portés y Arcesio Ortiz Estupiñan. En 1937 el mismo profesor Julio Estupiñan Tello, a raíz de la organización del Partido Socialista en Esmeraldas, es encarcelado y por supuesto, cancelado de su trabajo. Testimonia que también fueron sancionados César Neville Estupiñan y Francisco Pérez Portés y los profesores Nelson Estupiñan, Daniel Solís, Luis Balanzátegui y Dumas Ortiz.

26. Estupiñan Tello, Julio “Síntesis Histórica de la Educación y el Laicismo en el Ecuador”, Editorial Universitaria, Quito, 1991, pág. 59.

27. Al referirse a este hecho, la Asamblea Nacional Constituyente del año 1944, lo calificó como “la más repudiada delincuencia política”. Por su parte, el Dr. Alfredo Vera Vera, en su obra “ANHELO Y PASION DE LA DEMOCRACIA ECUATORIANA” (Imprenta de la Universidad de Guayaquil, 1948) afirma que se trató de “una de las más sucias traiciones políticas” (Pág. 74).
Al desenlace contribuyó también la ingenuidad de la izquierda como lo señalan Angel F. Rojas y Alfredo Pareja D., en las obras ya citadas de estos autores

28. Pareja Diezcanseco, Alfredo, obra citada, Pág. 379.

29. Uzcátegui Emilio. La educación ecuatorina en el siglo del liberalismo Editorial Voluntad, Quito, 1981, Pág. 189. Arcos, Gualberto. Años de Oprobio, Editorial Fernández, Quito, 1940. Pág. 40.

30. La persecución se extendió también a los profesores municipales. Citemos el caso del Liceo Municipal Fernández Madrid de Quito, cuya rectora era, a la sazón, la educadora María Angélica Idrobo. Los integrantes del Concejo Municipal, lograron en 1939, que la rectora y las profesoras Zoila Ugarte, Mercedes de Barahona, Laura de Rojas, M. Angélica Viteri, Georgina Baquero, Maruja y Consuelo Navas, Teresa de Muñoz, Magdalena de la Torre, Orestila Andrade, y el profesor Carlos Tufiño, renunciaran irrevocablemente, ante la campaña emprendida por los municipales liberales y conservadores, cuyos nombres recordaremos para la historia: Gustavo Montesen Gangotena, presidente del Concejo; General Francisco, Gómez de la Torre, vicepresidente; Ernesto Espinoza Velaco, Luis donoso Chiriboga, Luis María de laTorres, Ernesto Cisneros, Luis Felipe Donosso Escobar, Oswaldo Alvarez Barba, Eduardo Pólit Moreno, Humberto Albornoz y Modesto Ponce Martínez.
Ver “Maestras que dejaron huella”, GEMA, junio del 2000, Pág 53 y “Quito, 150 años de Capital de la República 1930 – 1980. Municipio de Quito” (pág 79 y 80)

31. Registro Oficial No. 86 y 87, 13 y 14 de marzo de 1939. La influencia de estas tendencias reaccionarias está evidenciada en el texto de las reformas a la Ley de Escalafón del Magisterio; por ejemplo, el art. 36 dice: “El Ministro decretará la separación del profesor, en los siguientes casos: a) por haberse iniciado juicio penal en su contra; b) si llegare a conocimiento del Ministro el que (sic) un profesor hubiere cometido un acto incriminado por el Código Penal, al que, por cualquier causa, no se hubiese seguido el enjuiciamiento del caso, el Ministro ordenará una averiguación reservada y administrativa del hecho por medio de la autoridad del ramo que él designare; C) por haberse comprobado que el profesor ejercita, en las funciones de su magisterio, actos contrarios al orden público o labor partidista o disociadora. La función Magisterial no será proselitista”.

32. Decretos No. 8 y No. 13, de marzo 20 y marzo 24 de 1939, que clausuran el Normal Juan Montalvo y la Universidad Central, respectivamente, Registro Oficial NO. 103, del 1 de abril de 1939. El 11 de abril del mismo año, se clausuró la Universidad de Guayaquil.

33. El doctor Gualberto Arcos, quiteño, nacido a fines del siglo XIX, fue bachiller del Instituto Nacional Mejía, en 1916; médico, escribió importantes estudios en el campo de su profesión. Fue rector de la Universidad Central, desde el 19 de Febrero de 1938 hasta abril de 1939, en que renunció en protesta por el atropello que pretendió realizar el ministro Estrada Coello a la Universidad Central. Su obra “Años de oprobio”, se refiere a la época que estamos analizando, y de ella hemos extraído los párrafos referentes al Normal Libre, publicados en el presente trabajo.

34. Vera Vera, Obra Citada:, Pág. 74; dice: “La oligarquía liberal impuso al Doctor Carlos Arroyo del Río, el más representativo de sus dirigentes, robándole la elección, en un fraude escandaloso, al candidato popular Doctor José María Velasco Ibarra, que había triunfando limpiamente con el apoyo de los partidos de izquierda”.

35. Cabezas, Luis Cristóbal, 50 Años de Vida Política y Anecdótica del Ecuador, Editorial Nacional, Quito, 1986, Pág., 89, Miembros de este movimiento en el Puerto Principal eran el Dr. Francisco Arizaga Luque, Pedro Saad, Dr. Alfonso V. Larrea, Dr. Ángel Felicisimo Rojas, Dr. Alfredo Vera, Pedro Jorge Vera, Enrqieu Barrezueta y Franklin Pérez Castro, Los gestores de A.D.E., en Quito, Fueron Modesto Larrea Jijón, Dr. Camilo Ponce Enríquez, Dr. Manuel Agustín Aguirre, José María Plaza, Dr. Manuel Elicio Flor, Gustavo Becerra, Nela Martínez, Guillermo Lasso, Anibal Oña Silva, Dr. Mariano Suárez Veintimilla, Julio Teodoro Salem, Luis Maldonado Cornejo y Dr. Eduardo Ludeña.

36. Llerena, José Alfredo. Frustación Política en veintidos años, Edit. CCE, 1959, Pág. 95.

37. Alfonso Calderón Moreno en el Ministerio de Previsión Social y Alfredo Vera Vera, en el de Educación.

38. Integraron la Asamblea de 1944, maestros como Emilio Uzcátegui, Eloy Velásquez Cevallos, Julio Enrique Paredes, Carlos Cueva Tamariz, Jaime Chávez Granja y otros. La nómina completa de asambleistas puede consultarse en la obra “Síntesis Histórica de la República del Ecuador” de Federico Trabucco, o en el libro “Bajo el Imperio de Odio”, Vol. I, de C.A. Arroyo del Río, Edit. El Gráfico, Bogotá, 1946, Pág. 457 y siguientes.

39. Refiriéndose a esta Asamblea, el escritor conservador Jorge Salvador Lara, afirma: “El intercambio de ideas alcanzó, durante las sesiones, el más alto nivel habido a lo largo del siglo en las lides parlamentarias, tanto en intensidad como en calidad, gracias a la participación en la Asamblea de sólidos valores de todas las tendencias y a la confrontación de posiciones ideológicas “Historia del Ecuador, vol. 7, Salvat. 1982.




 

 

 

 

 

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